8.- Mi tío Jacinto (Ladislao Vajda, 1956)

Precedente de otra maravilla ('Papá Piquillo'), este neorrealismo patrio consigue ser un 'Ladrón de bicicletas' de la honradez en la posguerra y hasta te hace olvidar cualquier natural repulsa a la tauromaquia. No es poca cosa.
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