Si Dios no existe, Cioran tiene razón: estamos arrojados al fondo de un abismo y cada minuto es un milagro. El instante nunca podrá aplacar nuestro anhelo de una vida plena de sentido. No estamos hecho para lo efímero, sino para lo eterno. Estar no es suficiente. Necesitamos trascender, perdurar.
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