Y no gente cualquiera, no, la gente que le compra los petardos a sus hijitos, todos menores, y los tiran delante de perros y otros animales que se asustan, de niños con problemas, de ancianos delicados de salud. Esos niñatos que se creen dueños y señores de las calles, esos padres que lo consienten.
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Odio.