Cuando Space Karen compró Twitter di por perdida la plataforma para mí.
Tenía claro que venía a cambiar todo lo que llevaba reclamando años en su propio perfil y tenía también claro que es un niño mimado acostumbrado a salirse con la suya cueste lo que cueste.
Tenía claro que venía a cambiar todo lo que llevaba reclamando años en su propio perfil y tenía también claro que es un niño mimado acostumbrado a salirse con la suya cueste lo que cueste.
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Para sorpresa de nadie, eso aburre, y se me estaba poniendo mal cuerpo cada vez que entraba, así que aquí estamos.
En Twitter encontré amigos, pareja, trabajo e incontables horas de ocio.
Me jodió su llegada pero en octubre de 2022 me quedó claro que aquello tenía fecha de caducidad.
En aquél momento tenía alrededor de 40.000 seguidores.
Más bots, un poco más lejos.
Niños rata peleando por un churro a cambio del ric azul, un poco más lejos.
Y así...
Pero es que precisamente ese ecosistema dejó de existir.
Ese niño mimado compró Twitter porque podía. Y por lo mismo, lo cambió como el niño que juega a romper su juguete, porque puede tener tantos como quiera. Hasta se ha comprado un presidente USA. Al menos, ahora, le estamos vaciando el juguete...