Antes de hablar sobre Pangea, hay que dejar claros los conceptos básicos que influyen en el movimiento de las placas tectónicas y, por consiguiente, en los continentes. La Tierra está formada por tres capas: la corteza, el manto y el núcleo.
Las placas tectónicas son enormes “fragmentos de la corteza terrestre” que se mueven sobre el manto caliente y semilíquido, que se encuentra debajo de la corteza.
Este movimiento es causado por las corrientes de convección en el manto, donde el material caliente asciende y el material frío desciende, creando un movimiento circular que empuja y desplaza a las placas.
En algún momento habremos observado (y si no, este es un buen momento) que los continentes encajan como un puzle. El ejemplo más simple es el de África con América del Sur, y esto no es una casualidad.
Resulta que hace algo más de 300 millones de años, todas las masas de tierra del planeta estaban unidas formando un único supercontinente, llamado Pangea, y un único océano que lo rodeaba, Panthalassa.
Las corrientes de convección fueron responsables de su ruptura hace unos 175 millones de años, separando los continentes y formando océanos entre ellos. Este proceso continuó hasta dar lugar a la configuración actual de los continentes y océanos.
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