El último tren
El viejo llega cada día antes del amanecer, cuando la niebla aún acaricia los raíles y el frío cala los huesos. Se sienta en el banco de madera junto al andén, siempre el mismo, siempre solo. Sus manos, temblorosas y rugosas como la corteza de un árbol, sujetan un billete…
El viejo llega cada día antes del amanecer, cuando la niebla aún acaricia los raíles y el frío cala los huesos. Se sienta en el banco de madera junto al andén, siempre el mismo, siempre solo. Sus manos, temblorosas y rugosas como la corteza de un árbol, sujetan un billete…
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