Wes Anderson es un insolidario. No se puede atender a la vez a la maravillosa construcción visual de cada plano y sus evoluciones, y a la verborrea monocorde del relato en audio /subtítulos. Dinamita su propia obra. Una pena.
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Yo también lo soy (¿era?) pero así no hay manera. Es una frustración. Estoy por volver a verla quitando los subtítulos y desentendiéndome totalmente de lo que cuenta. Seguro que es más disfrutable.
Jaja, muy bueno lo del audiolibro, es exactamente eso. De hecho pensé en volver a verla, sin subtítulos y sin atender el audio, por el puro placer visual, y luego leerme el relato de Roald Dhal. O al revés. Las dos cosas a la vez, no.
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