Y el duende desapareció entre risas.

—Vamos! Necesito saber que todo esto no ha sido un sueño, vamos, Juan quiero comprobar que es verdad que los pisos son de quiénes los habitan y que Lía está bien, disfrutando de su vida.
Dicho esto, Juana empredió una carrera hasta la bici.
—La cajaa— gritó

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